domingo, 14 de noviembre de 2010

Debut y Despedida

Nunca antes había pasado por una situación similar en sus 22 años de carrera. Por su frente corría un frío sudor, las piernas le temblaban, la garganta se le secaba con el correr de los segundos, apenas podía respirar. El ruido era ensordecedor, pero él no escuchaba nada. Temía que los nervios lo traicionaran (siempre suelen jugar una mala pasada cuando uno menos lo espera). El momento de la verdad se acercaba. Pensó seriamente en irse corriendo a su casa, pero no quería decepcionar a toda la gente que apostó por él a lo largo de su vida. Seguramente sus padres lo estarían viendo por televisión. Sin sonido, claro, si a su viejo le fascinaba escuchar los grandes acontecimientos por aquella vieja radio que había heredado de su abuelo. También estarían atentos en su casa sus dos pequeños hijos, quienes lo consideraban su ídolo máximo.

Fue entonces cuando el silbato lo dejaba sin chances de escapatoria y lo trajo nuevamente desde el mundo de los pensamientos, movió la pelota para su compañero y empezó a correr.

Por primera vez en su vida jugaba como titular. Primera vez y última, era el partido de su retiro.